Basura Espacial

La basura espacial son los deshechos de cualquier objeto artificial (que ya no tiene utilidad) y que orbita la Tierra.
 

La definición de basura espacial nació el 4 de octubre de 1957, ese día la URSS lanzó el primer satélite artificial, el Sputnik 1. Desde ese día, más de 4.200 lanzamientos han dejado desperdicios en la órbita de la Tierra.

¿Te preguntas qué compone la basura espacial? La composición es de lo más variada, puedes encontrar grandes trozos de satélites viejos en desuso, partes de cohetes, restos de explosiones, partículas de todo tipo polvo, pintura, metal… en fin, hay de todo un poco.

Hay estudios realizados por la Agencia Espacial Europea para determinar la composición de la basura espacial y los resultados fueron los siguientes:

Naves ya sin uso 22%
Restos de cohetes 17%
Fragmentos de misiones espaciales 13%
Otros 41%

 
En un solo día los chinos incrementaron en un 15% la chatarra espacial

En enero de 2007, los chinos lanzaron un misil balístico para que impacte contra un satélite meteorológico. En solo 1 segundo, incrementaron el desperdicio espacial un 15%. ¡Ay qué amables que son! Esa práctica ya había sido dejada de lado, por Estados Unidos y Rusia, desde los años 80 precisamente, para no incrementar la basura espacial.

Un mes más tarde, febrero de 2007, un cohete ruso que había sido lanzado en una misión fallida explotó. Unos miles de trozos más se unieron a los desechos que están en la órbita terrestre.

Cantidad de objetos según tamaño

Tamaño Cantidad
Menor a 1 cm. 35.000.000
Entre 1 y 10 cm 110.000
Mayores a 10 cm 10.500

 

Dónde se sitúa la basura espacial

La gran mayoría de la basura espacial se encuentra en las órbitas que son muy transitadas por los satélites artificiales (incluye todos los tipos, de comunicaciones, militares, meteorológicos, astronómicos… etc.)

En orden ascendente la mayor cantidad de desechos se ubica a:
850, 1.000, 1.500, 2.000 y 36.000 kilómetros desde la superficie de la Tierra.

 

Problemas que ocasiona

Los objetos que más preocupan a los científicos son los que tienen un tamaño entre 1 y 10 cm porque son muchísimos y demasiado pequeñas para poder rastrearlos.

    Una recopilación de impactos de basura espacial

  • En 1993, se halló un orificio de 1 cm de diámetro en una antena del telescopio Hubble que fue causado por el impacto de chatarra espacial.
  • En 1996, un satélite francés, el Cerise, fue golpeado por un trozo de un resto de un Ariane.
  • En años más recientes la ISS (Estación Espacial Internacional / International Space Station) no sufrió una colisión por unos escasos 250 metros. Los astronautas que estaban a bordo debieron hacer una evacuación de emergencia y se refugiaron en la nave Soyuz que estaba acoplada.

El peligro siempre está latente porque esos trozos se desplazan a una velocidad muy alta lo que los convierte en proyectiles sumamente peligrosos.
 

¿Cae basura espacial a la Tierra?

Sí, cae basura espacial a la Tierra y desde 1958, se tiene datos de 62 casos. Entre los más conocidos se encuentra, el ocurrido en 1977 en Texas cuando un trozo de un cohete Delta con un peso mayor a los 200 kg calló a pocos metros de una granja.
Dos años más tarde (1979), el SkyLap cayó (descenso controlado) en el Océano Índico y dispersó más de 20 toneladas de desechos.

Hasta el momento, las explosiones, en las etapas superiores de los lanzamientos, son la principal fuente de incremento de la basura espacial.

En el año 1961, tuvo lugar la primera explosión de un objeto en órbita y producto de ella se triplicó la cantidad de desechos rastreables (o sea trozos grandes) en el espacio.

Los estudios estadísticos dicen que en los próximos 20 o 30 años, las colisiones pasarían a ser la primera fuente de residuos espaciales.

En febrero de 2009, se produjo la primera colisión entre dos satélites (Iridium 33 y Cosmos 2251) en uso y provocó la destrucción de estos. En consecuencia, ahora hay más desechos orbitando.
 

Planes para eliminar la chatarra espacial

La NASA y la ESA están especialmente preocupadas por este problema pero hasta el momento, todas las soluciones requieren una inversión muy grande que hacen inviables los proyectos.

La idea principal es hacer una nave recolectora de residuos (sí, una especia de camión de basura espacial) pero el coste de cada lanzamiento rondaría los 600 mil dólares.

Enviar 1 kilo a órbita baja (LEO) cuesta entre 5.000 y 10.000 dólares

Enviar 1 kilo a órbita geoestacionaria (GEO) (donde están los satélites de comunicación) cuesta unos 40.000

La agencia aeroespacial rusa tiene un proyecto para limpiar la órbita de los satélites geoestacionarios. La idea es tomar la basura (también conocidos como space debris) y llevarlos a una órbita más alta (que la denominan órbita cementerio). El problema, es el ato costo de esto, unos 300 millones de dólares.
Dada la tecnología actual y los costes se hace muy complicado encontrar una solución a este serio problema para los satélites y las futuras misiones del espacio.

¿Es una amenaza la basura espacial?

La basura espacial no es una amenaza para la Tierra porque hay métodos balísticos para interceptarla si esta cae en una zona poblada.

Sí es un problema para los satélites que orbitan la Tierra porque puede dañarlos y dejarlos sin funcionamiento. Esto último, sí puede acarrear grandes problemas.

Síndrome de Kessler

El síndrome de kessler o cascada de ablación, es un escenario teórico donde el volumen de deshechos en órbita baja es tan grande que los objetos en órbita sufrirían choques con mucha frecuencia. Esto a su vez, incrementaría aún más la cantidad de trozos que orbitan.

A mayor cantidad de satélites en órbita, mayor cantidad de satélites viejos en desuso. Esto incrementa el riesgo de choques en cascada.

Este escenario muestra la gran peligrosidad de los objetos “muertos” que orbitan la Tierra y además, es especialmente alarmante porque se ocasionaría un efecto dominó. El choque de dos piezas, crea más metralla que a su vez incrementan la posibilidad de producir más impactos.
 
Cada año la cantidad de objetos en desuso en órbita se incrementa en un 5%.

Hoy en día, las nuevas misiones que se lanzan al espacio intentan disminuir la cantidad de partes desechables que dejan. De hecho, buscan la manera de poder deshacerse de ellos de una forma segura cuando finaliza su vida útil. La forma más utilizada es reentrarlos en la atmósfera y controlar su caída.

Para órbitas más altas, lo que se hace es llevar esos trozos inservibles a órbitas más altas, las que se conocen como “órbita cementerio”.

Cuando los objetos están a menos de 500 km de altura, estos terminan cayendo a la Tierra en cuestión de meses.

Si un meteoroide impacta contra un satélite y este estalla, la metralla que se desprende puede dañar a otro artefacto que también podría estallar y así provocar una reacción en cadena entre los objetos de una órbita similar. Así hasta los proyectiles pequeños suponen una amenaza.

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